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Golpes de mar de Antón Castro

JOSÉ DOMINGO DUEÑAS HABLA DE GOLPES DE MAR

El profesor y escritor José Domingo Dueñas escribió este texto con motivo de la presentación de Golpes de mar de Antón Castro en la librería Estilo de Huesca, donde ejerció de maestro de ceremonias junto a la profesora Rosa Tabernero.

 

Rosa Tabernero.- Enero de 1959. Guerra fría en occidente. Fidel Castro entra en La Habana.

José D. Dueñas.- Agosto de 1959. Posguerra hambrienta en España. Antón  Castro nace en Arteixo (A Coruña).

 

RT.-Como los grandes futbolistas, AC tiene la doble nacionalidad: es gallego-aragonés. Vive desde hace más de 25 años en Aragón.

JD.- Aquí ha dirigido los suplementos de libros de El Día de Aragón, El Periódico de Aragón y desde hace ya unos años el del Heraldo de Aragón, “Artes y Letras”. También dirige el programa cultural de la TV autonómica, “Borradores”.

 

RT.- En Aragón ha escrito la mayor parte de los 20 libros que ha firmado hasta el momento. Libros de entrevistas, de reportajes, de biografías. Magníficos libros de relatos. Todos marcados por una prosa brillante, precisa y soñadora.

JD.- No obstante, varios de estos títulos, como el que presentamos, recrean un espacio y un tiempo privilegiados por el autor, la Galicia de su infancia y adolescencia, el paraíso que Antón Castro vivió y se resiste a abandonar.

 

RT.- Dice a veces Fernando Savater que para vivir es más importante tener conciencia de haber sido felices en el pasado que esperar un futuro propicio.

JD.- Dicen algunos expertos que para escribir y tener algo importante que decir es necesario haberse quedado imantado con la infancia y la adolescencia, la época de los grandes misterios. Y eso es lo que le ha sucedido a Antón Castro.

  

 JD.-  Como dice el propio Antón en la breve nota que inserta al final de estos relatos, Golpes de mar cierra un ciclo narrativo de veinte años, en el que se incluyen Mitologías (1987), Vida e morte das baleas (1997) y ahora Golpes de mar (2006), que recoge y amplía varios relatos de los libros anteriores junto a otros completamente nuevos, nueve de los dieciséis que componen el libro. Dice Antón que con Golpes de mar concluye “una dilatada obsesión, mi mirada hacia el mar, las ballenas y esa región del alma llamada Baladouro, que está entre Arteixo, Santa Mariña de Lañas, Barragán y Caión, en A Coruña”.

 

Estoy convencido de que la mejor literatura es la que nace de las obsesiones de sus autores. Es la única capaz de convertirse a su vez en obsesión para el lector. Porque arranca de una  necesidad casi biológica, de manera que el escritor se decide finalmente a decir aquello que le agobia, que le quema las entrañas, que le amenaza con la locura. Hay mucha literatura prescindible, que entretiene las horas de frío o de espera y que se diluye luego sin dejar rastro, pero hay otra que viene a ampliar nuestra sensibilidad, a perfeccionar nuestro entendimiento del mundo, a hacernos por ello mejores. Este es sin duda el caso de Golpes de mar. No es la primera que vez que un libro de Antón Castro me deslumbra, me derriba en el camino de Damasco de las letras. Recuerdo que me sucedió algo semejante hace diez años, al leer su Testamento de amor de Patricio Julve (1995). En buena parte la experiencia se repitió cuando leí Los seres imposibles (1998) o El álbum del solitario (1999), pero ahora he vuelto a vivir la experiencia como nueva. Y creo que esa es la prueba del 9 de la buena literatura, que sea capaz de hacerte ver las cosas como nuevas, de reproducir la mirada inocente del niño, para quien todo se estrena, para quien el mundo aparece todavía pleno de sentido, desbordante de atractivo.

 

Antes de ahora, otros han escrito ya sobre este libro con incuestionable acierto, José Antonio Labordeta, Agustín Sánchez Vidal, José Luis Melero… Ellos han dicho que se trata de un libro con la marca inconfundible de Antón Castro, y que por ello resulta singular en muchos sentidos en el actual panorama literario. Un libro que trata del amor en su infinidad de formas cuando parece que hoy ya no se escribe en serio sobre el amor, un libro que presenta personajes insólitos ya desde el propio nombre –Golmar, Eumede, Airas Sequeiro, Lina Morgades, Bastián…- pero que se nos hacen al mismo tiempo familiares porque aciertan a encarnar facetas íntimas de nosotros mismos. A menudo lo más insólito se convierte en la seña más clara de lo universal. Y eso sucede con los hombres y mujeres que nos presenta Golpes de mar.

 

Los relatos de Antón no son producto accesorio en esta sociedad de consumo en que vivimos. Se convierten en artículos de primera necesidad porque inciden en lo más sustancial de nosotros mismos. Aquí el amor desbordante, verdadera fuerza de la naturaleza, se ofrece sin máscaras. Y lo mismo crea que derriba. Y como sucede en Platón o en La Celestina el amor aparece aquí como modo de conocimiento del mundo, como manera de trascender lo cotidiano para darnos de bruces con las realidades últimas, las verdaderas, en definitiva, de cada cual.

 

Antón recrea lugares míticos, Caión, Baladauro, el océano siempre amenazante de su Galicia natal, pero como sucedía con la mitología clásica resulta que ese mundo mítico no es otro que el nuestro. Por ello estos relatos no sólo le ganan terreno a la voracidad del mar sino a lo incierto de nuestra vida. Su prosa gana continuas batallas contra el olvido y el desconocimiento.

 

De todos los aciertos que se encierran en estos relatos, y son muchos, creo que hay uno que es definitivo, y es su escritura, la prosa. La literatura en última instancia es lenguaje, y ahí es donde se la juega cualquier libro. Una vivencia excepcional puede convertirse en una circunstancia prosaica y vulgar. Un momento nada singular puede convertirse para el lector en una experiencia honda e imborrable. El lenguaje da forma y contenido a nuestra vida y de ello trata la literatura, claro. No es decir mucho si les digo que la prosa de Antón deslumbra una y otra vez, envuelve progresivamente al lector hasta aprisionarlo sin remedio, desubica continuamente, nos saca de lo rutinario y nos lleva a miradores de belleza excepcional.

 Si todavía no han leído el libro, están de suerte, pueden pasar momentos magníficos entre sus páginas, con personajes lejanos, lugares remotos que reconocerán perfectamente, porque Golmar, Patricio Julve, Alexandre, Clara, Bastián … son nuestros semejantes, somos nosotros. Y ese lugar, Caión, Baladauro, Arteixo… está aquí mismo.

 

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